LIMITES PERSONALES: 3. EL PARADIGMA ERRÓNEO

El concepto de “relación” es muy extenso. La palabra clave es “conexión”, conexión entre al menos dos seres aunque éstos sean unicelulares o pertenezcan a distintos reinos, pensemos, por ejemplo, la relación de la abeja con la flor. En efecto existen múltiple tipos de relación, desde la simbiosis y parasitismo  hasta el mutualismo.

En general las relaciones humanas son (o deberían ser) del tipo protocooperativas, es decir interacciones en las que ambos obtienen beneficios, aunque para vivir no necesiten tener esa relación. Desde estas perspectivas podríamos aceptar que Pavlov tenía una relación con su perro. 
El condicionamiento clásico no reviste mayor interés respecto de lo que estamos hablando de las relaciones humanas aquí, sobre todo porque las respuestas del perro son fisiológicas y además involuntarias. Sin embargo, sí hay una faceta que nos interesa en la relación de Pavlov con su perro: la estructura de poder.
Mientras es el investigador quien hace sonar la campana cuando quiere, quien le presenta la comida cuando quiere o no se la presenta o le pone agua y no comida.... queda patente que quien tiene el control es el investigador y que el perro es el "sujeto paciente".

Imaginemos ahora, que en sus investigaciones, Pavlov hubiese puesto la campana al alcance del perro y que éste, un día por azar, la hubiera hecho sonar y que al oírla Pavlov le hubiese puesto comida al perro. Imaginemos también que esta situación se repite hasta que el perro  asocia el hacer sonar la campana con la obtención de comida.
Llegados a este punto, han sucedido dos cosas muy importantes; un cambio de condicionamiento y por tanto un cambio, también, en la estructura de poder de la relación.
Efectivamente, el condicionamiento del perro ha pasado a operante pues ahora realiza una conducta para obtener una consecuencia. y también efectivamente se ha producido un cambio de roles, pues mientras que el investigador siga poniendo comida cada vez que suene la campana el perro tiene ahora un fiel sirviente.

 ¡ET VOILÀ! ¡Este es el quid de la cuestión! 

Volvamos ahora al Sr. T... al que hemos puesto aquí como representante de todas aquellas personas que siempre supeditan sus deseos y necesidades a los de los demás.


Resulta que mientras escribía estas entrada el Sr. T… ha iniciado una nueva relación con una chica estupenda. Estoy seguro, que con ella hará lo propio, lo de siempre. Si viven en casa de él, no reparará en esfuerzos ni gastos para que ella esté “a gusto”. Y si es en casa de ella, tampoco reparará en esfuerzo y gasto por poner en orden todo aquello que precise de ello. Aunque compartan economía, muchos gastos “le sabrá mal” incluirlos en la cuenta conjunta y cargará el con ellos. Como tiene un horario laboral estupendo de funcionario y pasa muchas más horas en casa, se encargará de muchas cuestiones domésticas, porque eso sí, el Sr. T… es muy moderno y un ferviente defensor de compartir todo el trabajo doméstico; limpiar, comprar, guisar fregar, lavar la ropa. Aparte del bricolaje que eso… bueno eso es cuestión de hombres. Y complacerá a esta chica en casi todo; comerán como ella quiera, irán donde ella quiera y en definitiva, harán lo que ella quiera porque en el fondo… a él que más le da y si ella está contenta pues estupendo. Y cuando él proponga algo, si a ella le place se hará y si no se cambiará el plan, no importa. Como ella dice, lo importante es compartir. Compartir, pero sin perder los espacios personales ni encerrarse si no que hay que tener cierto margen de libertad individual. Por eso ella sigue tomándose sus vinitos con sus amigas y va al yoga y ...etc.
Y para variar la vida del Sr. T… girará en torno a la de su actual pareja y en torno a todo “lo suyo” y en torno a todos “los suyos”, básicamente.
Y todo el mundo dirá que: “Qué buena pareja hacéis”. “Y qué acoplados os vemos el uno al otro”.
Y el Sr. T… se sentirá muy feliz y agradecido de haber encontrado esta chica y tener esa relación. Y ella aún se sentirá más feliz.
Y la relación marchará sobre ruedas… hasta que….


¡No! ¡El Sr. T… no es un bobo de solemnidad! El Sr. T… es un señor con carrera y máster, con trabajo en puestos de responsabilidad. Amante de todo tipo de conocimientos posee un grado de cultura muy por encima de la media, es un intelectual. Domina tres idiomas y se maneja en dos más. Es independiente y autosuficiente y desde joven ha vivido solo largas temporadas sin problema alguno. Jamás ha buscado pareja, simplemente ha estado abierto a lo que surgiera y aun así ha descartado personas antes de entablar una relación formal. Sin embargo, no consigue estabilidad sentimental con las que escoge.

Todas sus relaciones de pareja, incluso algunas de amistad acaban fracasando porque llegados a un punto el único sentimiento que le merece esa relación es de inconformidad y acaba encontrándose diciéndose a sí mismo;  “Prefiero estar solo, nadie me escucha, nadie me quiere o me valora, todos abusan de mí, no me hacen caso, siempre hago lo que los demás quieren, no necesito a nadie, no sé decir que no, que mal me tratan”, entre otras.

Lo que no entendía el Sr. T... es que él mismo es el escultor que modela sus relaciones proveyendo a los demás de, precisamente, lo que todo el mundo anhela y por lo que todos nos movemos: el cumplimiento de nuestros deseos y la satisfacción de nuestras necesidades.
 Y así es como configura unas relaciones con una estructura de poder en la que poco a poco va transfiriendo su poder a los demás que son los que se van empoderando cada vez más, eliminando la "reciprocidad" y creando un paradigma de "Servido - Servidor". Paradigma este que se va creando a medida que siempre va dando la respuesta deseada a la conducta operativa los demás. O séa, condicionando operativamente a los demás que repetirán las mismas conductas una y otra vez mientras obtengan la respuesta deseada.

Esta situación, no es más que un reflejo de cómo el Sr. T... define y maneja su espacio o sus Límites Personales.

Continuará...

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