EL PODER DE LA PALABRA

Hace miles de años los toltecas eran conocidos en todo el sur de Méjico como «mujeres y hombres de conocimiento». 
De hecho, eran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Su sagrada tradición, describe una manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor. 
Uno de los textos conservado y transmitido por sus "naguales" (transmisores de su tradición) es el llamado "Los cuatro acuerdos" Este texto recoge cuatro consejos a implementar en nuestras vidas como guía en el camino hacia la paz, felicidad y amor. Concretamente, uno de ellos reza: "Sé impecable con tus palabras"  o también, "Honra tus palabras".
De lo que aquí vienen a hablarnos los toltecas es de integridad; "Di lo que piensas y haz lo que dices". Integridad como modo de recibir el respeto de los demás, como así mismo el propio auto-respeto. 
Y es que las palabras de un modo u otro nos retornan - de ahí la ilustración que he escogido para esta entrada-. 
A mi modo de ver, la palabra solo nos pertenece cuando aún no la hemos dicho. Una vez lanzada ya no tenemos control sobre sus consecuencias. Eso es el lenguaje, la capacidad de modificar y obtener respuestas de nuestro entorno. Ese es el poder de creación de la palabra.
La palabra capta la atención de los demás y según lo que digas te responderán. Con ella podrás conseguir muchas cosas, pero también perder muchas otras. La palabra crea, pero también destruye. 
En teoría parece sencillo no lanzar palabras que se tornen en tu contra, que te creen realidades adversas, pero no lo es.
¿Cuántas veces decimos lo primero que nos viene a la cabeza por la pura emoción del momento? ¿Cuántas veces perdemos la oportunidad de permanecer en silencio y proferimos una auténtica inconveniencia en el momento menos oportuno? ¿Cuántas veces, por puro orgullo, no reconocemos la razón del otro? ¿Cuántas veces mentimos por miedo a que nos juzguen? ¿Cuantas veces por rabia o rencor decimos algo solo por hacer daño en ese momento? ¿Cuántas veces por vanidad y soberbia descalificamos a los demás? ¿Cuántas veces por egoísmo, somos injustos en nuestros comentarios? ¿Cuántas veces hablamos de lo que no tenemos ni idea? ¿Cuántas veces insultamos, ofendemos? ¿Cuántas veces relatamos solo lo que nos deja en buen lugar y obviamos lo que fue un craso error por nuestra parte?


Y así podría seguir con la lista de nuestros malos usos de la palabra. Después nos lamentamos y auto-compadecemos y maldecimos "nuestra mala suerte" y al destino en un acto de suprema ignorancia. ¿Qué realidad crees que puedes generar con tu hipocresía y deshonestidad, con tus injurias, mentiras y ultrajes, con tus rencores y venganzas, con tu egocentrismo? Solo desdicha, frustración y soledad.



Habla con coherencia, claro sin ambigüidades, con respeto, con sinceridad, cumple tu palabra y no pretendas que los demás interpreten lo que no has dicho o algo diferente a lo que sí has dicho.

No quisiera terminar sin hablar del poder "terapéutico" de las palabras. Si seguimos el consejo de los toltecas, seguramente, nuestra vida será más plena y feliz, pero aún así, siempre habrá en nuestras vidas apartados que nos causen malestar y dolor. Si reprimimos nuestro dolor, nuestras frustraciones, si o si acabaremos somatizándolo en forma de enfermedad. Igualmente si reprimimos nuestros sentimientos de culpa, de ira, de odio... lo mismo ocurrirá. Somos seres verbales, lo llevamos en nuestro ADN. Así pues, expresar todo aquello que trajinamos en nuestro discurso interior, verbalizarlo, lanzarlo afuera, será imprescindible para recuperar nuestro equilibrio y por tanto paz interior y exterior. En ello radica el poder de la confesión y no me refiero a la católica frente a un sacerdote. La confesión entendida como sacar a la luz algo oculto, posee un enorme efecto liberador. Es el desahogo que cuando no existían los psicólogos, practicaban la vecinas de la calle, mientras hacían labores y hablaban de sus problemas.
La propia oración, como el acto de conectarse con algo superior a nosotros, opera un efecto de "aquietamiento". Sí, nos devuelve paz porque nos infunde paciencia para dejar que todo fluya y ello nos aporta confianza en el futuro.
 La energía que canaliza el lenguaje es la manifestación final del pensamiento, la emoción y el sentimiento- para crear, en la realidad, la calidad de vida que deseamos experimentar en este mundo. 


Las palabras son magia pura, pero mal usadas pueden convertirse en magia negra para ti.





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